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Radiografía nutricional de mayo ¿Con qué saldo de nutrientes arrancamos la fina 2026?
Resumen
Fósforo (P) en la zona roja: Gran parte de los lotes relevados, especialmente en Buenos Aires (BA) Centro y Cuenca del Salado, se encuentran por debajo del umbral crítico para la mayoría de los cultivos invernales de 15-20 ppm de P Bray. La alta variabilidad dentro de cada zona, que se ve reflejada dentro de cada lote, exige replantear el muestreo tradicional pensando en incrementar la cantidad de puntos por muestra.
Caída del nitrógeno (N) Inicial: La foto de mayo 2026 muestra niveles de N disponible (0-60 cm) sustancialmente inferiores a los arranques de las campañas 2024 y 2025. El "colchón" de N es escaso, obligando a repensar las estrategias de fertilización a la siembra y las re fertilizaciones tempranas.
El N anaeróbico (Nan) es la clave financiera y productiva: Con niveles de N inicial promediando apenas los 30 kg N/ha, el Nan se consagra como el as bajo la manga para estimar el aporte real de N por mineralización y ajustar las dosis de fertilización nitrogenada, aplicar lo justo, ni más, ni menos.
El Azufre (S) está bajo: Con S-sulfato promediando los 4-5 ppm de manera casi uniforme en todas las zonas, la inclusión de fuentes azufradas es innegociable para no penalizar la eficiencia de uso del N.
Un punto de partida que exige sintonía fina
Arranca el partido de la fina y la primera regla para no quedar en offside es conocer los límites de la cancha. Los datos procesados en nuestro laboratorio durante mayo de 2026 encienden una luz de alerta: no podemos encarar el trigo y la cebada asumiendo las mismas reservas que años anteriores. La fertilización basada en "recetas zonales" o promedios históricos este año representa un riesgo demasiado alto. Hoy, la rentabilidad se define en la precisión del diagnóstico lote a lote y ambiente por ambiente.
Fósforo: La historia del lote pesa más que la zona
El escenario del P Bray no da tregua. Al observar la Figura 1, queda en evidencia que la variabilidad es altísima, pero la mediana de muchas regiones (como BA Centro y Cuenca del Salado) no logra superar los 15-20 ppm, ubicándose de lleno en la zona de respuesta probable a la fertilización.
Sin embargo, el dato más relevante de la gráfica es la enorme amplitud de las "cajas y bigotes": la distancia entre los valores máximos y mínimos dentro de una misma región nos indica que no existen las "recetas zonales" para el P. Esta altísima variabilidad intrazonal demuestra que el manejo histórico de cada lote o ambiente (rotaciones, niveles de extracción y reposición) define su disponibilidad actual mucho más que su ubicación geográfica. Un lote puede estar holgado en 25 ppm y el vecino estar penalizando rinde con 8 ppm.
No realizar el análisis de suelo y fertilizar "por promedio zonal" en este contexto es asumir un riesgo económico altísimo. La marcada heterogeneidad a nivel regional es el mejor recordatorio de lo que ocurre tranqueras adentro: si la zona varía, el lote también. Como primer paso innegociable, la campaña exige un diagnóstico lote a lote, ambiente por ambiente. El esquema de muestreo más eficiente hoy es el que se apoya en la ambientación, utilizando mapas de rendimiento o imágenes satelitales para dirigir el calador y establecer estrategias de dosis variable.

Figura 1. Niveles de Fósforo Extractable (P Bray, 0-20 cm) por región en Mayo 2026. Las líneas punteadas marcan los límites del rango crítico para trigo (15-20 ppm).
Nitrógeno: Sin red de seguridad, el diagnóstico dinámico es obligatorio
Al analizar la evolución interanual del N inicial (0-60 cm), en regiones clave como el Sudeste y Centro Sur bonaerense, vemos una caída sostenida respecto a los arranques de las campañas 2024 y 2025 (Figura 2). Para esta campaña 2026, la mediana apenas roza los 30-40 kg/ha en la mayoría de las zonas (Figura 3).
Los suelos nos están diciendo que el "tanque" está más vacío que en campañas anteriores. Esto incrementa de manera drástica la dependencia de la fertilización. Operativamente, significa que el esquema de muestreo debe ser riguroso en la profundidad (0-20, 20-40 y 40-60 cm) para capturar hasta el último kilo de N-nitrato disponible en el perfil. Un arranque con tan baja disponibilidad obliga a planificar esquemas divididos: aplicar parte del N temprano para no comprometer el macollaje y luego terminar de ajustar la dosis con chequeos de N-nitrato en 3-4 hojas (franjas sin N). Además, complementar el diagnóstico con monitoreos satelitales o con sensores remotos en estadios críticos (Z30/Z31) que permitan realizar ajustes de las dosis previamente estimadas.

Figura 2. Evolución del N inicial en mayo en 2024, 2025 y 2026, para el Sudeste, Centro Sur y Sudoeste bonaerense.

Figura 3. Variabilidad del Nitrógeno disponible (kg/ha, 0-60 cm) relevado en mayo de 2026.
Nan: Cuantificando la "caja de ahorro" del suelo para eficientizar el uso del fertilizante
Frente a un perfil con tan bajo N inicial en forma de nitratos, la medición del Nan cobra un protagonismo absoluto y se convierte en la inversión más rentable del análisis de suelo. Como vemos en los relevamientos realizados a la fecha (Figura 4), zonas como el Sudeste, Cuenca del Salado y Sudoeste, mantienen un excelente potencial de mineralización (valores medios por encima de las 60 ppm).
El Nan mide la fracción orgánica fácilmente mineralizable. En años donde el N inicial es bajo, el aporte de N que el suelo hará de forma natural en primavera (durante el pico de demanda del cultivo) definirá el éxito productivo. Conocer este dato, obtenido del estrato superficial (0-20 cm), nos permite estimar ese aporte futuro, habilitando el ajuste fino de la dosis de N a aplicar. Realizar el diagnóstico de N sólo con el dato de N inicial sin pedir el dato de Nan es manejar con el tablero a medias.

Figura 4. Valores de Nitrógeno Anaeróbico (Nan, 0-20 cm) en Mayo 2026.
Azufre: La planicie que limita el techo productivo
Por su parte, el mapa del S-sulfato es quizás el más monótono, pero por razones equivocadas: una planicie que apenas promedia los 4 a 5 ppm en toda la red de muestreo (Figura 5). La deficiencia de S es marcada y limita la productividad de los cultivos.
Agronómicamente, N y S trabajan en tándem para la síntesis de proteínas. Si además de la dosis de N logramos ajustar la dosis de S en lotes con deficiencia, la respuesta en rendimiento y calidad será superior respecto a la aplicación solo de N. La muestra de 0-20 cm debe utilizarse para confirmar este diagnóstico inicial de S. Con estos niveles tan bajos, la inclusión de S en la mezcla arrancadora o en las primeras refertilizaciones es fundamental para asegurar que cada kilo de N aplicado se convierta en rendimiento y calidad panadera o maltera.

Figura 5. Valores de Nitrógeno Anaeróbico (Nan, 0-20 cm) en Mayo 2026.
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